Mi hermana mira sus manos todos los dias
cuando amanece. Una, otra vez
mira sus manos. La
procesión de leprosos pasó camino al alto
en peregrinacón, rota sus caras
donde brillan los ojos con el brillo vidrioso
de la muerte. Alguno pidió para su sed
un poco de agua, y el vaso
fue roto noblemente contra la piedra impávida.
La lepra es contagiosa. También
lo es la tuberculosis. Seis jovencitas bellas y tristes,
hermanas de la abuela, murieron una a una
en su casona. Agitaban sus manos
para decir adiós desde su encierro,
como aves blancas que vuelan a morir en otras costas.
Mi hermana mira, pues, el dorso de sus manos
espiando alguna mancha que anticipe la peste.
No lo sabíamos:
nacemos ya mordidos, hermana, por la muerte.
Tretas del débil (2004)
cuando amanece. Una, otra vez
mira sus manos. La
procesión de leprosos pasó camino al alto
en peregrinacón, rota sus caras
donde brillan los ojos con el brillo vidrioso
de la muerte. Alguno pidió para su sed
un poco de agua, y el vaso
fue roto noblemente contra la piedra impávida.
La lepra es contagiosa. También
lo es la tuberculosis. Seis jovencitas bellas y tristes,
hermanas de la abuela, murieron una a una
en su casona. Agitaban sus manos
para decir adiós desde su encierro,
como aves blancas que vuelan a morir en otras costas.
Mi hermana mira, pues, el dorso de sus manos
espiando alguna mancha que anticipe la peste.
No lo sabíamos:
nacemos ya mordidos, hermana, por la muerte.
Tretas del débil (2004)
Comentarios
Publicar un comentario