El señor C
a sus cincuenta y pico
aún no se despide de su belleza.
Ejercita sus bíceps con furiosa esperanza
y sus miradas.
Cuando una bella -con un cierto bochorno-
le rinde su sonrisa, el señor C despliega su cola de colores
y transpira.
La señora de C lee libros, medita,
mira para otra parte
y por su cuesta trepa
luchadora.
Dura horas enteras encerrada en el baño.
Mata sus alacranes,
ríe
llora.
Frotan de cuando en cuando
sus desnudeces.
Y cada noche
cuando cierran los ojos sobre la almohada
alguien sale en puntillas de entre sus sueños
buscando otras pisadas.
Las herencias (2008)
a sus cincuenta y pico
aún no se despide de su belleza.
Ejercita sus bíceps con furiosa esperanza
y sus miradas.
Cuando una bella -con un cierto bochorno-
le rinde su sonrisa, el señor C despliega su cola de colores
y transpira.
La señora de C lee libros, medita,
mira para otra parte
y por su cuesta trepa
luchadora.
Dura horas enteras encerrada en el baño.
Mata sus alacranes,
ríe
llora.
Frotan de cuando en cuando
sus desnudeces.
Y cada noche
cuando cierran los ojos sobre la almohada
alguien sale en puntillas de entre sus sueños
buscando otras pisadas.
Las herencias (2008)
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