la enorme puerta te detenías.
La noche te apretaba los riñones
y un agua clara y tibiacorría hacia tus pies.
Había luz en las rendijas, voces
apagadas, secretas; torpes ruidos
que no debáis oír. Quizá ese pedregoso
suspirar fuera llanto. Quédate aquí en cunclillas,
silenciosa. No tiembles.
Pronto pasarás esta puerta. Para siempre.
El hilo de los días (1995)
La noche te apretaba los riñones
y un agua clara y tibiacorría hacia tus pies.
Había luz en las rendijas, voces
apagadas, secretas; torpes ruidos
que no debáis oír. Quizá ese pedregoso
suspirar fuera llanto. Quédate aquí en cunclillas,
silenciosa. No tiembles.
Pronto pasarás esta puerta. Para siempre.
El hilo de los días (1995)
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