MARÍA ELISA HUINAO - LA SEÑORA VIEJA

En lo alto de la loma, junto al pino;
ahí se levanta la rebeldía la Señora Vieja,
apagada, encorvada y un poco maltrecha.
Su mirada deslucida siempre atenta hacia el Oriente;
dos grandes argollones dorados
le cuelgan por pendiente.
Los recuerdo la invaden de alegrías;
la lejanía de los sucesos la llena de melancolías.
Los chiquillos que corrían por las piezas,
las mujeres preparando los milcaos
y la abuela fabricando a pulso
de la lana el hilado.
Qué memoria la suya señora vieja,
sus pies de luma firmes bien plantados,
su columna de pellín sin una queja
y su vestido de roble rojizo
descolorido por los años que se han ido
y un tejido de alerce en su cabeza.
Permítame que sea yo, Señora Vieja,
quien le rinda este homenaje sin destreza,
no baje la mirada ni se haga la lesa;
sí, yo sé que cuando joven
brillaba como joya con toda su belleza.
Usted, Señora Vieja, era vigía
de la chacra, los trigales y las ovejas.
Con los amoríos de verano
latía más fuerte su corazón de cereza
y una gota de rocío más de una vez mojó su nobleza.
Once chiquillos fueron los descendientes.
Qué complicidad tan candente, Señora Vieja,
déjeme decirle que la admiro, Señora Vieja,
porque usted nunca bajó la cabeza.


Kümedungin / Kumewirin (2010)

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