CARLA CORDUA - LEERLES A OTROS


Cuando Kafka era joven y sociable confiesa que sentía una apasionada inclinación a leerles en voz alta a un grupo de auditores algunas páginas de un libro que les gustara. Menciona algunas de estas sesiones de lectura en sus cartas a Felice, a quien debe explicarle esta inclinación suya, ya que entonces todavía se conocen poco. La noche entre el 4 y el 5 de diciembre de 1912, de vuelta a una de estas lecturas, escribe: “Querida, me gustaría endemoniadamente leer en voz alta, me hace tan bien al pobre corazón vociferarles a las orejas preparadas y atentas de los oyentes. Los abrumé con mis gritos y la música que, desde los salones vecinos quería reemplazar el esfuerzo de mi lectura, yo simplemente la suprimí. Sabes, comandar a los hombres, o, al menos creer en el propio mando -no hay años yo todavía lo era- me gustaba soñar con fuerza del corazón, la voz y el espíritu mayores de los que tengo ahora, leerles toda la Éducation sentimentale sin interrupción en tantos días y noches como resultaran necesarias; sería en francés, naturalmente (oh, mi querida pronunciación), y mientras los muros resonaban. Cuando he tenido que hablar (ha ocurrido rara vez) y hablar es aún mejor que leer en voz alta, he sentido esta elevación y tampoco hoy la lamente. Es el único placer hasta cierto punto público, tener en el último cuarto del año. Con desconocidos casi no he hablado desde entonces.

APUNTES AL MARGEN, 2015

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