"Tengo una idea" es un anuncio que puede significar muchas cosas: enunciado como exclamación dirigida a otros indica estar disponible para compartir con los demás una idea que tiene. Ya que las ideas van y vienen entre personas, pasan de ser uno a ser comunes, ganando o perdiendo en contenido, variado de sesgo, de grado de claridad, de capacidad de convencer e inspirar, de durar y establecerse, o de desaparecer sin efectos. Casi siempre las ideas que se le acaban de ocurrir a alguien están destinadas a enmendar ya sea la inteligencia de quien las considerará o el estado de cosas anterior. En cuanto ocurrencias que prefiguran una novedad suelen ser acogidas con alborozo o con temor, con antipatía o indiferencia hostil. Su capacidad correctiva de lo consabido no está garantizada, sin embargo, todo depende de cómo son juzgadas, si buenas o malas, poderosas o inanes: del poder movilizador de conductas depende la importancia y el alcance de una idea.
En algunos grupos de personas, en ciertos tiempos y circunstancias las ideas son consideradas peligrosas, precisamente porque resulta obvio que en cuanto nuevas aspiran a corregir lo establecido, porque su aparición y difusión desata iniciativas, y porque a veces agitan los cerebros encallecidos. En particular, las uqe solemos distinguir cómicamente como ideas ideológicas generan, mucho más que las teóricas, tanto agrupaciones de fieles como luchas entre partidos enemigos ¿Somos todos iguales en relación con la posesión de ideas? Creo que no: tanto la abundancia y la calidad de las ideas que se tienen como la susceptibilidad a ellas es muy variable entre individuos pensantes. Mucho más interesante que estas diferencias es una que sí debiéramos tener siempre presente: la que existe entre tener ideas y ser tenido por ellas. Pues, aunque hay muchas ideas que resultan prácticamente muy poderosas, debido a que concentran y dirigen la vitalidad de sus convencidos y agudizan sus intereses, las hay también totalitarias, en el sentido de ciertos políticos, que no se dejan evaluar por nadie, limitar por nada, ni siquiera considerar desde la perspectiva de otras ideas; y nadie tan sometido a una y solo una idea totalitaria como el loco de remate.
Apuntes al margen, 2015
En algunos grupos de personas, en ciertos tiempos y circunstancias las ideas son consideradas peligrosas, precisamente porque resulta obvio que en cuanto nuevas aspiran a corregir lo establecido, porque su aparición y difusión desata iniciativas, y porque a veces agitan los cerebros encallecidos. En particular, las uqe solemos distinguir cómicamente como ideas ideológicas generan, mucho más que las teóricas, tanto agrupaciones de fieles como luchas entre partidos enemigos ¿Somos todos iguales en relación con la posesión de ideas? Creo que no: tanto la abundancia y la calidad de las ideas que se tienen como la susceptibilidad a ellas es muy variable entre individuos pensantes. Mucho más interesante que estas diferencias es una que sí debiéramos tener siempre presente: la que existe entre tener ideas y ser tenido por ellas. Pues, aunque hay muchas ideas que resultan prácticamente muy poderosas, debido a que concentran y dirigen la vitalidad de sus convencidos y agudizan sus intereses, las hay también totalitarias, en el sentido de ciertos políticos, que no se dejan evaluar por nadie, limitar por nada, ni siquiera considerar desde la perspectiva de otras ideas; y nadie tan sometido a una y solo una idea totalitaria como el loco de remate.
Apuntes al margen, 2015
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