DELIA DOMÍNGUEZ - GEDICHT

(Elegía)
La condena de la vieja leyenda
en la humedad de la casa vacía,
y las palabras
leves como el vaho que se esfuma
en los matorrales del jardín.

No hay claridad posible, Helga,
desde tu muerte
comenzó el invierno a gotear por las paredes,
por los cuernos de caza, en las mochilas
con las hebillas oxidadas, como si nunca
otra estación fuera a quedarse
sobre los techos claveteados.

Todo pasó a ser sombra
en los espejos de la memoria:
agua podrida donde se estanca el tiempo.
No hay poderes terrestres para recuperarte,
la tabla de salvación es una metáfora
para tranquilizar conciencias,
la mano del hombre
nada tiene que ver con las resurrecciones,

ni siquiera
con la trampa que amordazó tus sueños
para siempre.

Ahora
la casa es una lámpara desvanecida
en la retina de la niebla
y no me reciben Los Nibelungos, ni Sigfrido,
ni los perros con las patas mojadas
en el vestíbulo de encina;
sólo la fidelidad de mis recuerdos,
las mantas dobladas sobre las monturas
como si aguardaran a un jinete fantasma.

Nada regresa cabalmente, la realidad
es una grieta que bordeamos según la valentía
/ o el temor,
la realidad se acompaña con máscaras,
con agua de colonia, con traje de fantasía,
pero también se asume en el momento decisivo.

Y todo es decisivo desde tus últimas palabras,
desde que cambiaste de reino
y te pusiste del lado de Dios. 


PIDO QUE VUELVA MI ÁNGEL 1982

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