He considerado seriamente las tres posibilidades de la
aurora boreal.
He contado todos los números impares al alcance de mi
inteligencia.
He sentido un cansancio de baúl arrastrado por el compás
de un reloj de péndulo.
El destino de la poesía me recuerda al destino de los
relámpagos,
la síntesis en forma de iluminación de un día agitado por la
metafísica.
He considerado la posibilidad definitiva del silencio
pero la luz que atraviesa la cerraduras también ha entrado
en la habitación vacía
donde puedo elegir sentirme una extraña.
Una extraña da importancia a los horóscopos tibetanos y a
la palidez de los erráticos.
Una extraña tiene noches con niebla en la cabeza de los
buenos días.
Una extraña ama la quinta impaciencia de las brújulas.
No se es más alta por vivir en el último peldaño de una
escalera.
La vida, Laponia, el óxido de la desobediencia, el sincero
delfín de las enumeraciones.
No confundir a los absurdos con los absortos.
Escribo las los insectos.
La conquista del aire, 2008
Editorial Cuarto Propio
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