He considerado seriamente las tres posibilidades de la
aurora boreal.
He contado todos los números impares ala lance de mi
inteligencia.
He sentido un cansancio de baúl arrastrado por el compas
de un reloj de péndulo.
El destino de la poesía me recuerda al destino de los
relámpagos,
la síntesis en forma de iluminación de un día agitado por la
metafísica.
He considerado la posibilidad definitiva del silencio
pero la luz que atraviesa las cerraduras también ha entrado
en la habitación vacía
donde puedo elegir sentidme una extraña.
Una extraña de importancia a los horóscopos tibetanos y a
la palidez de los erráticos.
Una extraña tiene noches con niebla en la cabeza de los
buenos días.
Una extraña ama la quinta impaciencia de las brújulas.
No se es más alta por vivir en el último peldaño de una
escalera.
La vida, Laponia, el óxido de la desobediencia, el sincero
delfín de las enumeraciones.
No confundir a los absurdos con los absortos.
Escribo para los insectos.
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