MATILDE LADRÓN DE GUEVARA - A SYBILA AREDONDO VDA. DE ARGUEDAS


Sybila, mujer por la vida y la muerte

desgarrada

perdona mi silencio.

También tuviste un cataclismo

de la sangre,

del campesino quechua y su esperanza.

Cuando llegué hasta Lima a consolarte

a establecer verdades de este mundo,

eso de que algunos no queremos vivir más

y preferimos el silencio, hija mía.

Hoy un muro de piedra incaica

se derrumba entre mis islas solitarias.

Los templos que subí desde mi claustro

tal vez sean cosechas

de Macchu Picchu, altura

que volcará su sangre en tus arterias

colmadas por la escritura de José María Arguedas,

patriarca enamorado de ti,

de sus indios y “Guaymas”.

Las rachas de azules pensamientos y burbujas

son los ríos profundos de aquel hombre puro

que trazará su humilde trayectoria

cerca de lo que amas:

su imagen cansada, sus “Obras”

y una lámpara que aclara

el camino de los pobres,

de millones de “runas” que trabajan en Perú

con sus leñosas manos agrietadas.

Erige un pedestal en ese pueblo

donde tu propio corazón renace;

estudia las andinas rocas

y riega los maíces y los trigos

para que el pan inunde tu familia

de “mamacunas” que buscan alimento

y así sus pechos derramen

a raudales, leche

para los hijos de tus patrias.

Es tan ardua la historia de una vida

que alcanza apenas para cumplir su plazo,

pero el canto de las verdades de José María

analiza sus rebeldías entre el pueblo.

Su lucha fue infinita.

Tú lo sabes,

y quiero que examines,

recorriendo el pasado. 

Las hogueras que alzó entre sus hermanos

deben seguir ardiendo para siempre.

Tu compañero

vivió de lumbres, y “AGUA”

supo de fuegos, de injusticias antiguas

y obstinadas.

De tu hogar y ternuras,

de “DIAMANTES Y PEDERNALES”,

de “YAWAR FIESTA”

y de “TODAS LAS SANGRES”.

En un tenso recado

entre mamacunas y el Inca Garcilaso,

que debes entregarle a los quechuas;

dispersarán sus airadas protestas,

la harina, la sal, el vino de la mesa,

su alma incontaminada,

su agonía y su muerte.

Porque sobre aquella pesadilla

José María vive

y vivirá eternamente en su universo incaico. 

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