La soledad también es amor.
Llegué a ti sin hacer ruido
y del mismo modo quiero irme.
No alcanzaste a descifrar la soledad
fundida en otra,
es amor;
Tampoco adivinaste el verde olvido
que irrevocable va a la muerte.
Te maté dentro de mis lumbres,
ya no figuras en mis libros
ni itinerarios
ni en fiestas
ni en aposentos alfombrados
ni en el poder de hablarse entre los ojos
ni en el privilegio de mostrarse
desnudos cuerpo y alma.
Allí gimió la Alondra
y reinó el tremendal de lo vivido.
Imperó la viudez,
mi gratitud sin término
de lo que fue y dejó de ser:
otra existencia
sin convocar testigo de alucinaciones.
Permite que sueñe,
que reviva,
que me afiebre,
pero abandona mi remota arboladura.
Algún día celebraré la gran conquista
de las blancas soledades
que me aíslen
y las amaré con sentidos reposados,
para hablarte así durante años. Tampoco lloraremos juntos.
Ese llanto siguió la trayectoria
de pájaro encendido,
de vértigo,
de aurora,
de consumación,
abundamiento sentimental
y de consagraciones
La locura de mi corazón
fue a refugiarse en la soledad.
Antología poética DESNUDA
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